• Amargas espinas •

© Candidman

Aquél día que te encontré
triste y marchita estabas,
pero presuroso te llevé
a compartir mi hogar contigo.

Me gustaste desde que te vi,
porque belleza no te faltaba;
te consolé, cuidé y mimé
desde ese momento hasta hoy.

Hoy que me has herido,
con esas gruesas espinas
que de tu tallo emergen
para evitar acercarme.

Ahora que estás preciosa,
con ese color fulgurante,
que hechiza a cualquiera,
de mi ya no quieres saber.

Te ufanas de tu belleza,
de tu entereza perenne,
de tu supuesta fortaleza,
que adquiriste a mi lado.

Ya se te olvidó
todo lo que te di,
todo lo que te amé;
hoy quieres brillar sola.

Agradezco tu presencia,
iluminaste mi vida
durante la corta estancia
que estuviste a mi lado.

Me quedaré con tu recuerdo,
con ese aroma dulce a frescura,
con el tenue rocío entre mis manos,
que de a poco se evapora.

Mil lágrimas derramadas
que tristes me brotaron
por las heridas de espinas,
que tu desprecio ha dejado.

Confío en que alguien te encuentre
y le hagas también compañía,
pero esta vez no lo hieras
con tus amargas espinas.

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros
© Candidman
Octubre 14, 2005.

 

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