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• 10 cosas que los hombres quieren de las mujeres •

Los hombres buscan una mujer con la que puedan compartir gustos

¡A la mujer no hay que entenderla, hay que quererla!

Con esa frase muchos hombres se quitan de conocer qué es lo que realmente quiere una mujer de un hombre. Aunque en realidad existen muchos estudios, reportajes y artículos al respecto, pero…

¿Qué dicen sobre ellos?
¿Qué es lo que ellos quieren de las mujeres?

Respecto a ese tema, muchos pueden sugerir que los hombres no son tan "fijados" como las mujeres, lo que es totalmente falso. Ambos sexos tienen criterios similares a la hora de buscar una pareja, indica globedia.com, que va más allá de que sea "guapa, divertida y dulce", menciona nosotras.com.

Aquí te presentamos una lista con base en información de los sitios mencionados y de cuentascuentos.com, shvoong.com y webmujeractual.com sobre lo que los hombres quieren de las mujeres.

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• Añoro tu presencia •

 

© Candidman

Me encuentro en la
obscuridad más siniestra
cuando no te tengo.

Mi corazón ruega
por un gesto, una mirada,
tan sólo una palabra.

Mis lágrimas caen,
como el rocío
cae en una flor.

No te puedo sacar de mi mente,
ni tampoco me atrevo a hacerlo.

Necesito tu respiración para vivir,
necesito de tus besos y caricias
para endulzarme el corazón.

Me pierdo en la soledad
cuando no estas,
me pierdo en la tristeza
por no poder contemplar tu amor.

Te veo y me derrito,
te vas y me desvanezco.

Mis ojos reflejan
lo mucho que te quiero,
lo que te necesito,
y el real sentimiento.

Amor no te escapes
de mi vida porque
yo sin ti muero.

¡Añoro tu presencia!

 

© Candidman
Noviembre 12, 2008.


• Mi dulce verdad •

 

© Candidman

Otro día mas y amaneciste en mi,
que hermosa sensación tenerte en mi vida,
que bello es poder quererte,
y saber que existes.

Que hay un cielo que nos cubre a los dos,
que son las mismas estrellas
las que nos hacen soñar,
que es la misma luna
la que nos da su luz,
el sol que nos da sus rayos,
el viento que toca tu piel y la mía.

Que bello es amarte.

Gracias por existir, por ser,
por haber entrado en mi vida
y en mi corazón.

Pensar en ti es recorrer caminos
llenos de esperanzas,
de amor, de sueños.

Pensar en ti es amanecer en tu piel,
es sentirte en mis noches y madrugadas,
es vibrar de sensaciones nuevas.

Quiero ser tu fragancia,
tu perfume,
tu calor.

Quiero ser siempre tu amor.

 

¡Gracias por existir!

 

© Candidman
Noviembre 11, 2008.


• Valorar a alguien •

© Candidman

¿Ya la(o) encontraste?

Abre tu entendimiento y empieza a ver más con tu corazón que con tus ojos.

¿Quién es la persona con la que te sientes amado, protegido, seguro?

¿A quién extrañas cuando no esta cerca?

¿Quién te motiva con su sonrisa, con su mirada, con sus palabras de aliento?

¿Quién es la primera persona en la que piensas cuando te sientes alegre, triste o melancólico?

¿Quién es la persona que te hace feliz simplemente porque sabes que él es feliz?

¿Quién te hace sentir triste cuando sabes que él esta triste?

¿Con quién te nace compartir tus alegrías, tus éxitos, tus logros?

¿Con quién prefieres caminar en los momentos de pesar, tristeza y sufrimiento?

¿Quién te motiva a superarte, a crecer, a ponerle alas a tus sueños?

¿Quién te hace sentir importante, grande y capaz de emprender las hazañas mas complicadas, seguro de ti, confiado en que no importa que tan empinada este la cuesta podrás superarla con la confianza de que esa persona especial esta y estará contigo por ti y por lo que eres, no por lo que tienes o consigues para él?

Seguro de que cuentas con su aprecio, no porque alguno de los dos lo haya decidido sino porque así fue planeado desde el principio de los tiempos, mas allá del tiempo y del espacio, en ese lugar que fue hecho exclusivamente para ustedes dos.

Pide a Dios con todo tu corazón que te permita identificar a esa otra mitad, que cuando aparezca en tu vida sea tan claro que no haya ninguna duda, que sepas con toda certeza que incluso a pesar de las máscaras y maquillajes adquiridos o impuestos a lo largo del camino, los ojos de tu corazón y tu corazón mismo te digan ES ÉL, “lo se”, no puedo equivocarme.

Que las sorpresas, golpes, heridas, decepciones, desilusiones, frustraciones y todo aquello que haya endurecido tu corazón no impidan reconocer a aquella persona que al igual que tu esta esperando por ti para que no haya espejismos ni engaños que te dirijan con la persona equivocada.

Tomate un tiempo para pensar en esto, probablemente sea el objetivo mas importante de tu vida.

¿DÓNDE ESTA?

Posiblemente más cerca de lo que nunca imaginaste.

Dice una vieja leyenda que cuarenta días antes de nacer, a cada niño se le elige pareja en el Cielo.

Dos almas se crean en el firmamento y entonces un Ángel exclama:

“Este niño será para este niño”.

Los Ángeles voltean a la Tierra y ven desde arriba y a partir de ese día, no habrá obstáculo que impida su encuentro ni adversidad que vulnere su amor infinito. De acuerdo con la leyenda, hermosa en su totalidad, hay una buena razón para que los Ángeles le elijan un niño a cada niño.

Es la misma razón por la que Dios le da al hombre dos ojos, dos oídos, dos piernas y dos manos:

para que se complementen y actúen juntos, como si fueran uno solo…

Todos, y cada uno de nosotros, tenemos un ser en algún lugar del tiempo, de la distancia, alguien que esta hecho para nosotros, exactamente a nuestra medida y nosotros a la de esta persona. Así que no te preocupes por asuntos menores, total, siempre hay alguien mejor por el grande amor que Nuestro Señor tiene para nosotros. A muchos les cuesta mas trabajo que a otros encontrarla, pero Dios sabe cuando es el mejor tiempo para cada uno de nosotros.

¿ La habrás encontrado Tú ?

“NO HAY PUERTAS QUE EL AMOR NO ABRA,
ABISMOS QUE EL AMOR NO CRUCE,
NI PECADO QUE EL VERDADERO AMOR NO REDIMA”

Autor: Desconocido

 

© Candidman
Noviembre 10, 2008.

 


• Un corazón solitario no es un corazón •

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Un corazón solitario no es un corazón.
-Antonio Machado-

 

“Te mando el mejor beso que puedo,
y tan largo como tú quieras”,

le escribió Simone de Beauvoir a Nelson Algren.

“Si quieres saber con exactitud
cuánto te quiero,
tienes que sacar la cuenta
de las veces que he
empleado una letra:
cuántas veces la a,
cuántas veces la b,
etcétera.

Toma ese número,
multiplícalo por 10,345
y habrás averiguado
aproximadamente el número
de besos que me gustaría
darte a lo largo de la vida”.

La intelectual enamorada. La química del cuerpo y del alma que hace que dos se junten. Lo dice John Travolta en Vaselina:

“Sandy, quizá un día,
quién sabe cómo,
quién sabe dónde,
nuestros mundos serán uno solo”.

Los griegos ya lo sabían. La mitología afirma que antiguamente hombres y mujeres convivían en un solo cuerpo. Fueron separados por los dioses, cansados de su insolencia, pues eran tan perfectos que competían con lo divino.

Desde entonces buscamos nuestra media naranja.

“El que ama no vive consigo sino la mitad,
y la otra mitad, que es la mejor parte de él,
vive y está con la cosa amada”,

como dijo Fray Luis de León.

Encontrar al otro, complementarse en el otro. Por eso el amor no se busca, sucede.

Los franceses dicen que el un latigazo. Es la flecha de Cupido en forma de una voz que se extraña, de unos labios que aspiran al beso.

“No hay solución fuera del amor”,

como afirmó André Bretón.

Amaos los unos a los otros, como lo estipula la Biblia. Amor a la pareja, a los hijos, a los seres queridos, a la hermana piedra, a los animales, al universo que nos rodea, a la vida entera que nos ha tocado, a nuestra particular y muy breve circunstancia humana.

Es el ágape, el banquete de vida compartida, y la negación festiva del resentimiento y la soledad. El cristianismo opone la otra mejilla. Gandhi habló de la Satyagraha, o verdadera fuerza del amor, como instrumento para el cambio social.

Martin Luther King siguió sus pasos y opuso amor a la violencia racista.

“Si quieres trabajar por la paz del mundo,
vete a casa y ama a tu familia”,

como sugirió la Madre Teresa.

O lo que André Bretón le dijo a su hija en El amor loco:

“Deseo que seas locamente amada”.

¡Qué aspiración tan pura, tan exacta, tan sublime!

Se lo dice cuando está a punto de cumplir 16 años,

“pronta a encarnar ese poder eterno de la mujer,
el único ante el cual me he inclinado”.

Propongo una cosa, con todo y lo cursi que suene: hacer de ese deseo el nuestro, para los demás y para nosotros mismos.

La consigna es amar y ser locamente amados.

Estar agobiado de todo menos del amor, que nos salva y nos redime.

El propio Octavio Paz entendió que al amar:

“Brotan alas en la espalda del esclavo,
el mundo es real y tangible,
el vino es vino,
el pan vuelve a saber”.

Estar enamorado, y aunque el amor también es lágrimas y celos, dolor e incomprensión, conflictos de pareja y la eterna lucha por el pan, asumirlo como un compromiso vital.

Enamorarse como acontecimiento único y extraordinario, volver a sentir las mariposas, experimentar en un beso todas las respuestas del universo, ser feliz porque sí, vivir en carne propia el mandato de San Agustín:

“Ama y haz lo que quieras”.

Llenarse de frases amelcochadas, de caricias honestas, de un nuevo brillo en la mirada, de flores sin espinas.

Saber que el amor no es para siempre si no se renueva y que no es para todos sino para unos cuantos privilegiados.

Repetir, como Beauvoir:

“Nunca te vas de mi corazón.

No habrá muerte entre tú y yo”.

 

© Jorge Espinosa de los Monteros
Octubre 9, 2008.

 


• Amar y desamar •

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Depongo todo cuanto soy: me rindo.
No quiero más tus guerras ni tus líos.
Ni estas treguas de sal ni estos lamentos.
Félix Suárez

Si el amor es festejo el desamor es duelo. “Si todo se ha de ir, ¿por qué llegaste?”, se pregunta Rubén Bonifaz Nuño, el poeta mexicano que más ha indagado con sus versos tiernos y coléricos las bondades y desdichas de ese “don de Dios”, que es el amar, y ese “corazón en las espinas” que es la separación de los que se aman.

En nuestros días los casos de desamor se multiplican. La pareja falla. La pareja huye de sí misma. La pareja hace malabares para subsistir. Qué triste paradoja: primero nos dedicamos a encontrar a la persona deseada, y luego, tristemente, a soportarla. La amamos hasta casi rendirle pleitesía y luego nos preguntamos qué le vimos, cuándo cambió, por qué ya no sentimos las mariposas de antes y sólo escuchamos el bostezo y la queja cotidiana. O las discusiones que terminan en pleito.

“Mira bien, lo que hacemos los dos, siempre peleando así”, como dice la canción.

El amor tiene que ver con la vida y por eso duele, por eso se encela, por eso se desilusiona, por eso se transforma, por eso envejece y muere. El amor se complica porque se hace aburrido, monótono, porque hay malos tratos y traiciones, gritos y sombrerazos, estrecheces económicas, dolor y llanto. “Ningún amor termina felizmente (se sabe)”, como observa José Emilio Pacheco. Es cuando la amargura se hace presente y las palabras tiernas un remoto pasado. “Yo la amé y ella también a ratos me quiso”.

No importa el género, la desesperación y la tristeza son las mismas. Afligido amor, desdichado amor, pinche amor, desolado amor. La desaparición del amor y la separación de los que se aman no es nueva bajo el sol. Sucede que ahora es más notoria. Antes se disfrazaba. “En la alcoba profunda podríamos andar meses y años, en pos del otro, sin hallarnos”, como escribió Maiakovsky.

Las mujeres argumentaban dolor de cabeza y los hombres una partida de dominó. El macramé y las cantinas como terapias de género. El hombre mandaba y la mujer era sumisa. Ya no tanto.

Los tiempos cambian. La mujer trabaja su doble jornada, es capaz de subsistir por sí misma y de no necesitar del hombre para ser. No quiere gritos ni reclamos, abusos físicos o verbales, ni chantajes ni estar con quien la trata como a un inferior. Es el desamor moderno, el que agarra sus chivas y se va.

El amor a uno mismo como respeto y como opción. “El amor es la piedad que nos tenemos”, como escribió Efraín Huerta. No es mero narcisismo sino afán de sobrevivencia.

El desamor de antaño, por otro lado, sigue ahí. Llora sus penas en secreto, se soba los golpes a solas, aguanta la indiferencia, el ninguneo, la falta de cariño, la existencia de la otra o del otro. El maldito desamor. Tanto amar para qué. Lo dice el Buki: “si no te hubieras ido sería tan feliz”. O Paquita la del Barrio y sus ratas de dos patas: “¿Me estás escuchando, inútil?”.

Lo escribe mil veces mejor Bonifaz Nuño:

“¿Qué es lo que pasa, qué nos hace que durmamos confiados una noche, una noche cualquiera, protegida, seguros del amor, acompañados, y despertemos, un momento más tarde, solos, abandonados, indefensos?”.

Amar es equivocarse, como lo comprendió Fernando Pessoa.

¿Hay remedio?

Durante algún tiempo creí más en el desamor que en el amor. Tantos fracasos, tantos intentos, para qué. Mejor la soledad, las caricias sin nombre que perdure, sin compromiso, sin reclamos, sin lealtades, sin amor. No volver a meter la pata, blindar el corazón para no sufrir de este nuevo desorden amoroso que trae consigo la época que nos ha tocado. Me guarecí. Me dije que nunca más. Y fallé.

Sucede que, así como llega el desamor, así también aparece el amor.

La sensación de inmortalidad tras un beso, la necesidad de pertenencia a otro cuerpo, la alegría de descubrir un rostro que nos alegre el día, la noción de que ahora sí es la persona buena, la que esperamos con ansia toda la vida.

Amar y desamar, estar un tiempo con la mejor y otro con la peor de las parejas, celebrar la compañía de alguien extraordinario y guardarle luto porque no lo era, es el latido de los corazones enmendados y rotos. La consigna para vivir y no morir en el intento es amar con locura y desamar con cordura. Dejar entrar y dejar ir. Lo dice Renato Leduc:

“Amar a tiempo y desatarse a tiempo”.

Lo que sigue…

No hay de otra…

 

© Candidman
Agosto 7, 2008.

 


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