Archivo de la categoría: Mis Poemas

• El amor no debe doler •

© CandidmanEl amor no debe doler,
porque el amor es superior
a todo el daño que pueda hacer.

Tu recuerdo no me debe atormentar,
porque los momentos felices,
son difíciles de olvidar.

Tu vida no me corresponde ya,
a pesar de todo el amor que yo te pueda dar,
a pesar de que siempre mi gran amor serás.

Tus besos, tus manos, tus ojos
y todo de ti ya nunca más será para mí;
aunque tu cuerpo no este junto a mí,
siento tu perfume impregnado en mí.

Todo este amor quedará dentro de mi corazón,
porque solo tú eres y serás su razón.

Mis ilusiones que tú sostenías,
se acabaron para mí ese día,
en el instante que me dijiste que mi vida siguiera,
sin detenerla porque no sabías si volverías.

¡El Amor no debe doler!

© Jorge Espinosa de los Monteros
Febrero 14, 2011.


• Wallpaper – Mañana tan fría •

• Wallpaper - Mañana tan fria •
• Mañana tan fria •

En esta mañana tan fria
sólo puedo pensar en ti,
dándome calor con tu alegría.
imaginando que estás aquí,

Acariciándome con tu candor,
deleitándome con tu dulce voz,
entregándome todo tu amor,
quitándome este frio atróz.

Ven a mi reina mia,
complace este ardiente deseo,
libérame de esta agonía,
quiero darte el amor que poseo.

Déjame abrazarte tan fuerte
que te quedes sin aliento,
necesito por fin besarte
transmitiendo esto que siento.

Octubre 25, 2005

© Jorge Espinosa de los Monteros

Candidman

© Candidman

 


• Alma gemela •

© Candidman

Amor la vida no nos ha presentado aún
y ya siento que te quiero,
cuando nos encontremos
tengo tanto que decirte.

Me emociona pensarte;
tantas noches soñé contigo,
te imaginé de mil formas,
todas distintas,
y a la vez la misma.

Sé que existes aunque no te conozca,
lo se como que hay un sol y una luna,
lo se como que hay estrellas que brillan,
te siento en el medio del pecho,
y hasta te echo de menos.

No es para preocuparse,
se que no hay prisa,
ya llegará ese momento,
y cuando nos encontremos,
lo sabré por tu sonrisa,
por tus ojos y por tu cabello,
y tú lo sabrás también.

Por ahora miro el sol y la luna,
me fascinan las estrellas
y las canciones de cuna,
queriendo dormirme en tus brazos
y que me arrulles un rato.

¡Hasta pronto amada mía…
hasta que estés conmigo!

 

© Candidman
Noviembre 16, 2008.

 


• Tú mi primavera •

 

© Candidman

Hojas secas, frágiles, que caen
con el paso del viento,
árboles que reverdecen,
llenos de contento.

Oh mañana hermosa,
cielo azul y despejado,
quisiera de ese jardín cortar una rosa,
para mi corazón enamorado.

Sabroso calor que infunde el sol,
hermoso canto de aves,
bella formación del girasol,
vientos que soplan suaves.

Paz y tranquilidad,
bello contraste de colores,
y grandiosa agilidad
de águilas y cóndores.

¡Amor tú mi primavera!

 

Autor:
Jorge Espinosa de los Monteros
© Candidman
Julio 25, 2003.

 


• Atardecer romántico •

© Candidman

Hay atardeceres románticos,
hay campanas de tín-tan armonioso,
dulce trinar de aves que son cánticos,
viento puro y hermoso.

Todo esto y tú,
me inspiran para escribir,
escribir en tul,
tul con colores vivos para lucir.

Del atardecer,
tomo los rayos del sol,
para siempre tener
tu sonrisa de amor.

De las campanas de tín-tan armonioso,
sus sonidos sin igual,
para estar siempre cariñoso
con mi amor sin rival.

Del dulce trinar de aves que son cánticos,
sus dulces melodías,
para estar junticos
como todos los días.

Del viento puro y hermoso,
su inigualable suavidad,
como la de tu pelo sedoso,
del cual no hay variedad.

Y de ti,
lo blanco de tu alma,
para estar junto a ti,
como con el mar está la calma.

 

¡Siempre estás en mí!

 

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros
Julio 25, 2003.

 


• Un corazón solitario no es un corazón •

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Un corazón solitario no es un corazón.
-Antonio Machado-

 

“Te mando el mejor beso que puedo,
y tan largo como tú quieras”,

le escribió Simone de Beauvoir a Nelson Algren.

“Si quieres saber con exactitud
cuánto te quiero,
tienes que sacar la cuenta
de las veces que he
empleado una letra:
cuántas veces la a,
cuántas veces la b,
etcétera.

Toma ese número,
multiplícalo por 10,345
y habrás averiguado
aproximadamente el número
de besos que me gustaría
darte a lo largo de la vida”.

La intelectual enamorada. La química del cuerpo y del alma que hace que dos se junten. Lo dice John Travolta en Vaselina:

“Sandy, quizá un día,
quién sabe cómo,
quién sabe dónde,
nuestros mundos serán uno solo”.

Los griegos ya lo sabían. La mitología afirma que antiguamente hombres y mujeres convivían en un solo cuerpo. Fueron separados por los dioses, cansados de su insolencia, pues eran tan perfectos que competían con lo divino.

Desde entonces buscamos nuestra media naranja.

“El que ama no vive consigo sino la mitad,
y la otra mitad, que es la mejor parte de él,
vive y está con la cosa amada”,

como dijo Fray Luis de León.

Encontrar al otro, complementarse en el otro. Por eso el amor no se busca, sucede.

Los franceses dicen que el un latigazo. Es la flecha de Cupido en forma de una voz que se extraña, de unos labios que aspiran al beso.

“No hay solución fuera del amor”,

como afirmó André Bretón.

Amaos los unos a los otros, como lo estipula la Biblia. Amor a la pareja, a los hijos, a los seres queridos, a la hermana piedra, a los animales, al universo que nos rodea, a la vida entera que nos ha tocado, a nuestra particular y muy breve circunstancia humana.

Es el ágape, el banquete de vida compartida, y la negación festiva del resentimiento y la soledad. El cristianismo opone la otra mejilla. Gandhi habló de la Satyagraha, o verdadera fuerza del amor, como instrumento para el cambio social.

Martin Luther King siguió sus pasos y opuso amor a la violencia racista.

“Si quieres trabajar por la paz del mundo,
vete a casa y ama a tu familia”,

como sugirió la Madre Teresa.

O lo que André Bretón le dijo a su hija en El amor loco:

“Deseo que seas locamente amada”.

¡Qué aspiración tan pura, tan exacta, tan sublime!

Se lo dice cuando está a punto de cumplir 16 años,

“pronta a encarnar ese poder eterno de la mujer,
el único ante el cual me he inclinado”.

Propongo una cosa, con todo y lo cursi que suene: hacer de ese deseo el nuestro, para los demás y para nosotros mismos.

La consigna es amar y ser locamente amados.

Estar agobiado de todo menos del amor, que nos salva y nos redime.

El propio Octavio Paz entendió que al amar:

“Brotan alas en la espalda del esclavo,
el mundo es real y tangible,
el vino es vino,
el pan vuelve a saber”.

Estar enamorado, y aunque el amor también es lágrimas y celos, dolor e incomprensión, conflictos de pareja y la eterna lucha por el pan, asumirlo como un compromiso vital.

Enamorarse como acontecimiento único y extraordinario, volver a sentir las mariposas, experimentar en un beso todas las respuestas del universo, ser feliz porque sí, vivir en carne propia el mandato de San Agustín:

“Ama y haz lo que quieras”.

Llenarse de frases amelcochadas, de caricias honestas, de un nuevo brillo en la mirada, de flores sin espinas.

Saber que el amor no es para siempre si no se renueva y que no es para todos sino para unos cuantos privilegiados.

Repetir, como Beauvoir:

“Nunca te vas de mi corazón.

No habrá muerte entre tú y yo”.

 

© Jorge Espinosa de los Monteros
Octubre 9, 2008.

 


• Réquiem por mi madre •

© Candidman

Mi madre cumple un año de muerta.

Un año ya.

Qué rápido, qué terrible. 

Lo que empezó como una punzada en el costado devino al paso del tiempo en una serie de erróneos diagnósticos que poco hicieron para detener el mal. Indolencia médica, la deshumanización, en la práctica, de nuestros servicios de salud. Examen tras examen, hospital tras hospital, comenzábamos a sospechar lo que los doctores no atinaban a saber con sus estudios. Un buen día la sospecha devino certidumbre. Mi madre salió del consultorio y nos dijo: no me siento mejor. Lo dijo con apenas algo de tristeza en la expresión. Así era ella. La vida la había curtido de tal forma que la noción de lo inevitable la afrontó de manera digna, sin dramas. Su entereza ante la muerte no fue más que otro rasgo de una mujer excepcional.

Tuve la mejor de las madres. Es la verdad sin sentimentalismos. Por eso este dolor. Esta tristeza que aún perdura ante su pérdida.

Morir es no estar sino en el recuerdo. Ella continúa aquí y allá. Mi padre y mis hermanos aseguran que sienten su presencia en la casa. Que no se ha ido, que ahí está. Rememoran sus anécdotas, su sazón, su sonrisa de toda la vida, su pasión por la lectura, por el buen comer, por viajar. Están sus fotos, su ropa, sus zapatos. Yo mismo guardo esas memorias, muchas, de casi cuarenta años de existencia compartida. Hablo con ella, le platico de mis cosas, de mis problemas, de mis sentimientos, y le canto. La llamó a gritos cuando estoy solo: “¡Móder!”, porque así le decía de cariño. Le deseo que esté bien. Dondequiera que se encuentre, pero bien. No estoy loco. Sucede que la extraño.

A ratos, cuando de súbito experimento algo bello, algo que de golpe me proporciona la sabiduría para entender el mundo, la condición humana, y se me enchina la piel y soy feliz y olvido por un instante mis problemas, he llegado a pensar que es ella, quien de esa manera se manifiesta. No sé. Acaso no es más que un deseo irracional por verla, sentirla de nuevo. Lo cierto es que no creo en la reencarnación ni en nada que se le parezca. Morimos y ya. Lo demás es metafísica, consuelo religioso. Recuerdo cómo, al contemplar sus cenizas –huesos triturados y un polvo negro, como volcánico-, sentí no sin desconsuelo que su cuerpo se había perdido para siempre, sin la posibilidad de que la ciencia pudiera revivirla en algún aciago día. Otro deseo irracional, porque no hay regreso. Se fue. El fuego antes que los gusanos. Ésa fue su voluntad y la cumplimos.

He llorado, nunca bastante. Todavía me quiebro al ver alguna de sus fotos y saber que ya no está, físicamente, con nosotros. Lo escribí en alguno de mis poemas: la muerte se equivoca y se lleva a nuestros seres queridos. La extraño, mucho. ¡Me parece increíble, casi cruel, esta sensación de saber que lleva un año muerta! Así es esto del nacer y el morir. Hoy, ante los defensores de la vida después de la muerte –curiosamente, los mismos que creen en seres extraterrestres-, tengo una prueba irrefutable: mi madre nos quería tanto que hubiera hecho hasta lo imposible por regresar a vernos. Es mi verdad y es triste pero es la verdad. No hay más allá que este mundo. Lo demás es la inmortalidad que el recuerdo le proporciona a los que amamos.

Ahora ella descansa en paz…

 

Silvio Rodríguez – Réquiem

 

Juan Gabriel – Amor eterno

 

© Jorge Espinosa de los Monteros
Octubre 2, 2008

 


MI CORAZÓN SE SIENTE SATISFECHO

Mi corazón se siente satisfecho
de haberte amado y nunca poseído,
así tu amor se salva del olvido
igual que mi ternura del despecho.

Jamás te vi desnuda sobre el lecho,
ni oí tu voz muriéndose en mi oído,
así ese bien fugaz no ha convertido
un ancho amor en un placer estrecho.

Cuanto el deleite suma a lo vivido
acrecentado se lo resta el pecho,
pues la ilusión se va por el sentido.

Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,
sólo un amor se salva del olvido,
y es el amor que queda insatisfecho.

José Angel Buesa


• Hoy siento gran felicidad •

© Candidman

Me siento lleno de inspiración
este día es muy diferente,
me devolviste la ilusión
por fin podré quererte.

Tu presencia me da la razón
de continuar adelante,
le has devuelto a mi corazón
ese ritmo palpitante.

Nuevamente quiero sentir
que existe vida dentro de mí,
dedicar por completo mi existir
para hacerte tan feliz a ti.

Las cosas ahora se dan,
hoy siento gran felicidad,
tus días tristes no volverán,
porque te amaré hasta la eternidad.

 

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros
Noviembre 17, 2005.
© Candidman

 


• Tengo frío en el alma •

© Candidman

Tengo frío en el alma,
la siento hoy sin cobijo,
estoy perdiendo la calma,
te necesito aquí conmigo.

No me resigno a tu partida
que fue tan repentina,
te sentía a mi tan unida,
tu indiferencia me lastima.

Me dejaste con tu ida
sólo en mi mente confusión,
una honda y cruel herida,
he perdido la ilusión.

Tristemente no es igual
continuar si tú te vas,
me parece tan irreal,
el pensar que no estarás.

Me gustaría saber si tus manos
estarán entre las mías otra vez,
quisiera saber si tus ojos
me quedrán volver a ver.

Se terminó la locura
de un amor que por ti ardía,
estoy perdiendo la cordura
ya que te extraño todo el día.

Se acabó el encanto
y no sé que será de mi,
porque yo te sigo amando.
a pesar de estar sin ti.

Me hace falta tu presencia
mi corazón se ha olvidado de latir,
has dejado con tu ausencia
ese miedo de volver a sentir…

¡De nuevo amor!

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros
© Candidman
Noviembre 16, 2005.

 


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