Archivo mensual: noviembre 2005

• Día de La Revolución Mexicana •

© Candidman

Día de La Revolución Mexicana
20 de Noviembre de 1910

A partir de 1910, se inició la lucha armada con el Plan de San Luis Potosí, y posteriormente otros jefes, se enfrentaron a los diversos problemas, como fueron: la injusta distribución de la riqueza, la existencia de grandes latifundios que ponían el campo de México en manos de unos cuantos hacendados, la explotación de los trabajadores por los industriales capitalistas, la corrupción administrativa, la negación de la democracia en las elecciones, el estancamiento cultural del país y otros problemas que propiciaron la lucha revolucionaria. El movimiento armado tuvo varias etapas:

  • Don Francisco I. Madero, quien en 1909 promoviera el Partido Antirreeleccionista, iniciara el movimiento armado el 20 de noviembre de 1910 pugnando por el “Sufragio Efectivo no Reelección” y muriera por la causa de la Revolución en el episodio conocido como la “Decena Trágica”;
  • Pancho Villa tomó a su mando la División del Norte;
  • Emiliano Zapata luchaba por la justicia agraria;
  • Venustiano Carranza, en marzo de 1913, se levantó contra el gobierno del usurpador Victoriano Huerta, lucha que se sabe culminó con la promulgación de la Constitución Federal (5 de febrero de 1917), que actualmente nos rige. En este documento quedaron plasmados los ideales de los principales jefes de la Revolución Mexicana.

Fue en México, durante movimiento revolucionario iniciado en 1910, que se utilizó por primera vez en el mundo la aviación para llevar a cabo un bombardeo.

El levantamiento armado Francisco I. Madero, en 1908, publicó su libro titulado “La Sucesión Presidencial en 1910″. En esta obra el autor criticaba en forma moderada al régimen porfirista. Sin embargo, aceptaba que el general Porfirio Díaz fuera candidato a la presidencia y solamente pedía que se le permitiera al pueblo elegir libremente al vicepresidente de la República. También fueron proclamados como bases fundamentales para la vida pública nacional, los principios de “Sufragio Efectivo No Reelección”, afirmando que la lucha democrática del pueblo mexicano debería ser pacífica para hacer triunfar sus principios políticos.

Pero Díaz no respondió a la sugestión de Madero, y éste, ante tal actitud, organizó al Partido Antireeleccionista e inició su primera campaña electoral para la presidencia de la República. Ante la popularidad de Madero, Porfirio Díaz ordenó que lo encarcelaran, hecho que se concretó en la ciudad de Monterrey el 6 de junio de 1910. Tanto Madero como Roque Estrada fueron acusados de rebelión y ultraje a las autoridades.

El presidente volvió a reelegirse en fecha 26 de junio y Madero se convenció de que sólo la Revolución podría derrocar al régimen y lanzó el Plan de San Luis Potosí. En éste denunció el fraude electoral y convocó al pueblo a tomar las armas el 20 de noviembre de 1910.

Noviembre 20, 2005.
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• El visitante nocturno •

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Acababa de terminar la residencia médica cuando me mudé a Woodland Hills, California, para trabajar en la sala de urgencias de un pequeño hospital. Al ser la integrante del equipo con menor antigüedad, no podía escoger turno, y como nadie quiso trabajar en la Nochebuena, tuve que quedarme a hacer guardia. Me despedí de mi familia y salí para pasar la noche en el hospital. Era una situación ingrata.

A las 9 en punto llegó una ambulancia con un hombre de unos 65 años, pálido y muy asustado, que estaba sufriendo un infarto. En aquel tiempo —principios de los años 80—, pocos hospitales contaban con fármacos para deshacer coágulos. Aunque la condición del paciente no era estable, hice mi mejor esfuerzo y él resistió. Finalmente, lo trasladamos a la unidad de terapia intensiva.

Al otro día, antes de marcharme a casa a celebrar la Navidad con mi familia, pasé a verlo. Lo encontré dormido. Todavía estaba delicado, pero ya no corría peligro.

A diferencia de otros médicos, los de urgencias tenemos poco trato con los pacientes. Nosotros atendemos a los accidentados y a los que se enferman de repente. Es común que tengan miedo, y algunos reaccionan con enojo ante el simple hecho de que los atendamos. Pasan por nuestras manos y luego se los llevan. Rara vez los vemos de nuevo. No volví a pensar en mi paciente infartado.

Al año siguiente tuve que volver a hacer guardia en la Nochebuena. A las 9 en punto me avisaron que en la recepción había una pareja que quería hablar conmigo. Cuando me acerqué a ellos, el hombre me dijo:

—Soy el señor Lee. Quizá no me recuerde, pero en la Nochebuena del año pasado usted me salvó la vida. Gracias por el año que me regaló.

Su esposa y él me abrazaron, me dieron un pequeño obsequio y después se marcharon. Me quedé muy sorprendida y conmovida.

Como al año siguiente se integró al equipo un nuevo médico, por fin iba yo a poder pasar en casa la Nochebuena, y mi familia estaba feliz. Pero yo quería ver si los Lee regresaban. Esta vez me ofrecí a cubrir el turno. Me mantuve atenta a la puerta, y de nuevo, a las 9 en punto, apareció la pareja.

Llevaban un bultito en brazos: era su nieto recién nacido. Nos abrazamos, y el señor Lee me dijo que regresaría a verme cada Nochebuena, y que si no acudía, yo sabría simplemente que aquél no había sido su año.

Trabajé en la sala de urgencias cada 24 de diciembre durante los siguientes 10 años, y aunque atendí a incontables personas, nunca hubo nadie como el señor Lee. Cada año, a las 9 de la noche en punto, se aparecía. En dos ocasiones llegó con nuevos nietos, y una vez con un bisnieto. En total, el señor Lee, su familia y yo pasamos juntos 13 Nochebuenas.

Con el tiempo mis compañeros se enteraron de aquel ritual y me relevaban un rato para que pudiera convivir un poco más con el señor Lee en el pequeño cuarto del café. En ese reducido espacio compartimos media hora cada 24 de diciembre. El último año que lo vi me regaló una campana de cristal que tenía grabada una sola palabra: amistad.

El señor Lee murió al año siguiente, cuando me mudé a Crested Butte, Colorado. Ahora mi familia, mis amigos y yo tocamos esa campana cada Nochebuena a las 9 de la noche en punto, y brindamos por el hombre que jamás se olvidó de volver.

Por Leandra Lynch
Noviembre 19, 2005.
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• Contigo aprendí •

Alejandro Fernández y Malú – Contigo Aprendí

Contigo aprendí
que existen nuevas
y mejores emociones.

Contigo aprendí
a conocer un mundo
lleno de ilusiones.

Aprendí…

Que la semana
tiene más de siete días,
a hacer mayores
mis contadas alegrías,
y a ser dichoso
yo contigo lo aprendí.

Contigo aprendí
a ver la luz
del otro lado de la luna.

Contigo aprendí
que tu presencia
no la cambio por ninguna.

Aprendí…

Que puede un beso
ser más dulce
y más profundo.

Que puedo irme
mañana mismo de este mundo,
las cosas buenas
ya contigo las viví.

Y contigo aprendí
que yo nací
el día en que te conocí.

Autor: Armando Manzanero
Interpretes: Alejandro Fernández y Malú
Noviembre 19, 2005.
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• Un regalo inesperado •

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Cuando era niña adoraba a mi hermano mayor, Kemper. Era un amigo fiel que defendía siempre de los bravucones a sus tres hermanas. Y hacía cosas audaces y divertidas. En cuanto papá y mamá salían de la ciudad, organizaba fiestas tan concurridas que parecía que había invitado a medio mundo. Todos lo querían; sin embargo, no le faltaban problemas.

En 1967 se enroló en la Infantería de Marina de Estados Unidos y combatió en Vietnam. A sus 20 años escasos, le tocó ver morir a muchos de sus compañeros.

Cuando regresó a casa ya no era el mismo. Estuvo callado y serio en la fiesta con que mis padres le dieron la bienvenida. Ni siquiera lo emocionó el flamante Volkswagen que le regalaron adornado con un enorme moño. Se pasó los años siguientes tratando de adaptarse, pero nunca lo logró. En 1977, luego de escribir una carta en la que pedía perdón, se suicidó. Su muerte destrozó y separó a la familia. Mis padres se divorciaron, y mi corazón quedó hecho pedazos.

Un soleado día de 2002, una semana antes de la Navidad, salí a hacer unas compras y llamé a casa desde mi auto para saber cómo estaba mi hijo, el cual me dio un recado:

—Mamá, llamó una mujer que dijo que el tribunal la había contratado para localizarte. Es algo que tiene que ver con tu hermano.

Me pregunté si se trataría de alguna vieja cuenta bancaria olvidada. De inmediato marqué el teléfono de la mujer, quien me dijo que era una intermediaria confidencial.

—Tengo razones para suponer que usted es pariente biológica de una joven que nació el 21 de octubre de 1965 y que está buscando cierta información médica —me explicó—. ¿Sabía que su hermano tuvo una hija en 1965? Señora, ¿me escucha?

La noticia me dejó muda. La novia de Kemper había quedado embarazada cuando cursaban el bachillerato, y ni él ni mis padres se lo contaron jamás a nadie. Ahora su hija nos estaba buscando. Sentada tras el volante, me eché a llorar.

Bonnie Jean Phoenix tuvo una infancia feliz. Sus padres adoptivos fueron amorosos y protectores, como Kemper y su asustada novia habrían deseado que fueran; sin embargo, a lo largo de su vida Bonnie había tenido una sensación de vacío. A sus 34 años decidió que era hora de aclarar el misterio de su origen y comenzó la búsqueda, que le llevó tres años.

Me quedé sin aliento el día en que entró en casa de mi madre. Aquella desconocida era el vivo retrato de Kemper: su nariz, su boca, sus ojos verdiazules. Parecía un ángel bajo el rayo de luz que inundaba el pasillo. Él nos la envió para que la amemos en su lugar, pensé. Me presenté, y un instante después ya me estaba abrazando. Llevaba consigo una caja llena de fotos suyas de cuando era chica, jugando con una mascota, meciéndose en una hamaca… Una niña que siempre daba la cara por los demás, una pequeña alegre y de rostro radiante.

En los días posteriores al encuentro con Bonnie me di cuenta de que me estaba liberando de una carga. Era una ira que había reprimido durante años y que nunca había querido admitir. Sentía rabia contra Kemper por haberse suicidado. El matrimonio de mis padres se vino abajo, y mis hermanas y yo temíamos que las secuelas en nuestra vida pudieran afectar a nuestros hijos. Durante los 25 años siguientes, la trágica muerte de mi hermano nos acosó a todos.

Fue entonces cuando Bonnie nos encontró. ¡Se parece tanto a Kemper! Me hizo recordar lo bueno que era él. Me hizo creer en los finales felices otra vez. Me hizo perdonarlo.

Por Elizabeth Westfall Flynn
Noviembre 19, 2005.
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• Esperaré •

Presuntos Implicados – Esperaré

Esperaré…
a que sientas lo mismo que yo,
a que a la luna la mires del mismo color.

Esperaré…
que adivines mis versos de amor,
a que en mis brazos encuentres calor.

Esperaré…
a que vayas por donde yo voy,
a que tu alma me des como yo te la doy.

Esperaré…
a que aprendas de noche a soñar,
a que de pronto me quieras besar.

Esperaré…
que las manos me quieras tomar,
que en tu recuerdo
me quieras por siempre llevar
que mi presencia
sea el Mundo que quieras sentir,
que un día no puedas
sin mi amor vivir.

Esperaré…
a que sientas nostalgia por mí,
y a que me pidas que no me separe de ti.

Tal vez jamás seas tú de mi
más yo mi Amor

Esperaré…

Interprete: Presuntos Implicados
Autor: Armando Manzanero

Noviembre 18, 2005.
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• Todo a su debido tiempo •

© Candidman

La gente afortunada a veces nos produce envidia. Anda por la vida tan fresca, y todo le sale a pedir de boca. Pero, ¿no será que su suerte no es otra cosa que encontrar el momento oportuno? A fin de cuentas, esto puede significar la diferencia entre hacer colas interminables en el supermercado y entrar y salir como si nada; entre pagar de más por un auto y lograr que el vendedor acepte las condiciones que uno ponga. Y más aún: programar bien las actividades mejora nuestra calidad de vida.

“Lo que uno quiere es estar con la familia, no desperdiciar el tiempo haciendo cola para darle mantenimiento al coche”, dice J. Davidson Frame, profesor y autor de Managing Projects in Organizations (“Manejo de proyectos en las organizaciones”). Si sigue los consejos de nuestros expertos, podrá comprar el calzado más cómodo; contratar técnicos en reparaciones que terminen a tiempo los trabajos sin cobrarle de más, y salir de vacaciones en el momento idóneo del año para no gastar demasiado. ¿No es hora ya de tener suerte?

Concierte las citas con el médico antes de las 9 de la mañana.

Es un hecho: los médicos acuerdan consultas con más pacientes de los que pueden atender. “Programamos cuatro entre las 8 y las 9 de la mañana”, dice el doctor Howard Glazer, presidente de un grupo de apoyo a pacientes en Estados Unidos. “Tres de ellos llegan en el transcurso de esa hora, y la idea es que salgan antes de las 9″. Pero si se presentan los cuatro, el último se recorre a la hora siguiente y entonces empiezan a encimarse las citas, situación que va empeorando conforme avanza el día.

Compre zapatos por la tarde.

“Lo más recomendable es esperar hasta después de haber caminado durante varias horas para que los pies se hinchen un poco”, señala Bruce Saferin, pedíatra y miembro del consejo de la Asociación Médica de Pediatría de Estados Unidos. “Si compra zapatos por la mañana de camino al trabajo, por la tarde se estará preguntando por qué le duelen los pies”.

Adquiera un auto nuevo al mejor precio.

En algunos meses los precios de los autos son más accesibles. Por ejemplo, en septiembre y octubre, cuando las compañías presentan los modelos del año siguiente, o en mayo, cuando se acerca el Día de las Madres.

“Los primeros meses del año también son apropiados para adquirir un auto nuevo. Una vez terminado el auge de las prestaciones y las compras de fin de año, las armadoras presentan planes más atractivos para hacer frente a la cuesta de enero”, dice Carlos Muñoz, ejecutivo de ventas de la marca Seat en la Ciudad de México.

Asimismo, conviene estar pendiente de las promociones especiales que algunas distribuidoras presentan como ofertas adicionales en accesorios y servicios de mantenimiento.

Contrate técnicos en reparaciones caseras en enero.

Al decir de Kermit Baker, director del programa de remodelaciones del Centro Conjunto de Estudios para la Vivienda de la Universidad Harvard, es mejor hacer las reparaciones caseras cuando los técnicos están menos ocupados. “El invierno es una buena temporada porque disminuye el trabajo. Enero es el mes en que quizá haya más técnicos disponibles y dispuestos a negociar: aún no están tan ocupados y tienen que pagar las cuentas de las fiestas de fin de año”.

Empiece los viajes por carretera a las 6 de la mañana.

Eso aconseja Ken Smith, coautor de Roadside America (“Estados Unidos por carretera”), quien recorrió 400 mil kilómetros en auto para documentar el libro. “A esa hora, uno está más despierto, hay menos tránsito y puede recorrer unos 300 kilómetros sin detenerse a desayunar. Luego puede uno sentarse a disfrutar un sándwich y un café mientras los demás están atorados en el tránsito”.

Vaya de vacaciones a las playas del Caribe en el otoño.

“Entre finales de octubre y principios de noviembre es posible encontrar los mejores precios y el tiempo más disfrutable”, dice Paul Niskanen, propietario de una agencia de viajes en Portland, Oregon. “Para entonces, la temporada de huracanes ya casi terminó, hay menos calor y humedad, y los servicios turísticos se ofrecen a precios razonables”.

Pida un aumento de sueldo a las 9 de la mañana o a la una de la tarde, a media semana.

“No lo solicite en lunes, porque la gente está ocupada en acabar lo que dejó a medias el viernes”, aconseja Stephen Pollan, abogado, asesor financiero y autor de un libro sobre cómo alcanzar las metas. “Tampoco lo pida en viernes: su superior no le pondrá mucha atención. A primera hora de la mañana es buen momento, al igual que después del almuerzo, ya que un jefe satisfecho tiende a ser más complaciente”.

Pollan agrega: “Para saber si merece un aumento, hable con patrones y colegas de su mismo ramo. Acuda después con su jefe o supervisor, agradézcale por permitirle desarrollarse profesionalmente y muéstrele cuánto se paga en el mercado a empleados como usted. Luego pídale que reconsidere su sueldo. Difícilmente podrá negarse”.

 

Autor: Desconocido
Noviembre 18, 2005.
© Candidman

 


• Hoy siento gran felicidad •

© Candidman

Me siento lleno de inspiración
este día es muy diferente,
me devolviste la ilusión
por fin podré quererte.

Tu presencia me da la razón
de continuar adelante,
le has devuelto a mi corazón
ese ritmo palpitante.

Nuevamente quiero sentir
que existe vida dentro de mí,
dedicar por completo mi existir
para hacerte tan feliz a ti.

Las cosas ahora se dan,
hoy siento gran felicidad,
tus días tristes no volverán,
porque te amaré hasta la eternidad.

 

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros
Noviembre 17, 2005.
© Candidman

 


• A ti •

© Candidman

Este poema va dedicado,
a ti que mi amor has conquistado,
a ti, que me has llenado,
y que este poema has inspirado.

Tu manera de ser,
tu manera de tratarme,
te hace tan especial,
que no pude evitar enamorarme.

Ahora a ti están dedicados,
gran parte de mis pensamientos,
porque me gustas tú,
pero más me gustan tus sentimientos.

Y la vida ha vuelto ha sonreírme,
cuando a ella has llegado,
porque con tu amor,
mi vida realmente ha cambiado.

Y me alegro mucho,
de haberte hallado,
porque mas que un amor,
en ti un apoyo he encontrado.

El conocerte a ti,
ha sido una bella experiencia,
porque tu has devuelto a mi,
en el amor la creencia.

A mi vida que estaba oscura,
has iluminado con tu luz,
y no podría ya vivirla,
sin ella no estuvieras tu…

Autora: Josefina Aguilar (Fina)
© Candidman
Noviembre 16, 2005.

 


• Ven amor mío •

© Candidman

Sola en mi habitación
me recuesto en la cama
escucho una canción,
mi pensamiento te llama…

Ven amor mío…
caballero de mis sueños
quítame este frío
con tus suaves besos.

Acaricia mi cabello…
con tus dedos roza mis labios
detente amor en mi cuello
quiero sentir tus manos.

Siente en mi cuerpo
el deseo por ti
llévame en un beso
a un mundo sin fin.

Mientras que mis dedos
recorren tu espalda
siente ya mi cuerpo
temblando de ganas…

De sentir tu boca
recorrer mi piel
que me sientas toda
de la cabeza a los pies.

Y así nuestros cuerpos
haciendo uno solo,
tocamos el cielo
entregando todo.

Autora: Josefina Aguilar (Fina)
© Candidman
Noviembre 16, 2005.

 


• Tengo frío en el alma •

© Candidman

Tengo frío en el alma,
la siento hoy sin cobijo,
estoy perdiendo la calma,
te necesito aquí conmigo.

No me resigno a tu partida
que fue tan repentina,
te sentía a mi tan unida,
tu indiferencia me lastima.

Me dejaste con tu ida
sólo en mi mente confusión,
una honda y cruel herida,
he perdido la ilusión.

Tristemente no es igual
continuar si tú te vas,
me parece tan irreal,
el pensar que no estarás.

Me gustaría saber si tus manos
estarán entre las mías otra vez,
quisiera saber si tus ojos
me quedrán volver a ver.

Se terminó la locura
de un amor que por ti ardía,
estoy perdiendo la cordura
ya que te extraño todo el día.

Se acabó el encanto
y no sé que será de mi,
porque yo te sigo amando.
a pesar de estar sin ti.

Me hace falta tu presencia
mi corazón se ha olvidado de latir,
has dejado con tu ausencia
ese miedo de volver a sentir…

¡De nuevo amor!

Autor: Jorge Espinosa de los Monteros
© Candidman
Noviembre 16, 2005.

 


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